PEBdE, Número DIEZ, febrero 1994
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La cita, Nicomedes Santa Cruz "Al Compás del Socabón" ATENCION Nicomedes Santa Cruz (Lima, 1925-Madrid, 1992) RITMOS NEGROS DEL PERU ZAÑA NADA EN ESTE MUNDO DURA Octasilábica, hispana, fue la décima genuina. Insuperable, divina, es la décima peruana. Si algún día alguien me gana o si me lleva Jesús, que no se extinga la luz en este cantar tan nuestro. Lo pide... un servidor vuestro: Nicomedes Santa Cruz. Nicomedes Santa Cruz "Al Compás del Socabón" "Nací en Lima el 04 de junio de 1925, siendo mi padre el conocido autor teatral Nicomedes Santa Cruz Aparicio y mi madre Victoria Gamarra Ramírez, celosa heredera de riquísima tradición folklórica e hija de un afamado pintor, el maestro José Milagros Gamarra.(...) A partir de 1955 y por no encontrar rivales, pues la afición prácticamente ha desaparecido, me fui apartando de la temática tradicional para el canto en desafío o contrapunto, en que me venía guiando don Porfirio Vásquez (desde 1949) y trabajé mis glosas sobre problemas de actualidad nacional e internacional. A mediados de 1956 abandoné para siempre el oficio de herrero forjador -cerrajería artística- e insuflo a mis décimas una rebelde y orgullosa negritud que me abre las puertas de la popularidad a través de radioemisoras y escenarios teatrales. En 1958 irrumpo en el periodismo y llevo mis décimas a la naciente televisión nacional..." RITMOS NEGROS DEL PERU Ritmos de la esclavitud contra amarguras y penas. Al compás de las cadenas ritmos negros del Perú. De Africa llegó mi abuela vestida con caracoles, la trajeron lo'epañoles en un barco carabela. La marcaron con candela, la carimba fue su cruz. Y en la América del Sur al golpe de sus dolores dieron los negros tambores ritmos de la esclavitud. Por una moneda sola la revendieron en Lima, y en la Hacienda "La Molina" sirvió a la gente española. Con otros negros de Angola ganaron por sus faenas: ¡zancudos para sus venas! para dormir ¡duro suelo! y naíta 'e consuelo contra amarguras y penas. En la plantación de caña nació el triste socabón, en el trapiche de ron el negro cantó la saña. El machete y la guadaña curtió sus manos morenas; y los indios con sus quenas y el negro con tamborete cantaron su triste suerte al compás de las cadenas. Murieron los negros viejos, pero entre la caña seca se escucha su zamacueca y el panalivio, muy lejos. Y se escuchan los festejos que cantó en su juventud. De Cañete a Tombuctú, de Chancay a Mozambique llevan sus claros repiques ritmos negros del Perú. ZAÑA Dios perdone a mis abuelos por herejía tamaña: se burlaron de los cielos cantando y bailando Saña... Santiago de Miraflores de Zaña, vestusta Villa por los Reyes de Castilla tierra de hidalgos señores. Negros brazos labradores cultivaron dicho suelo. De aquellos amargos duelos nació en Zaña una canción; por su irreverente son, Dios perdone a mis abuelos. Tan negra como el hollín un negro asomó su cara al Templo de Santa Clara o al de San Agustín. La misa y su retintín le resultó cosa extraña, y la palabra ¡patraña! fue la póstuma en su labio: Su muerte pagó el agravio por herejía tamaña... "Ante Dios, somos iguales..." proseguía el señor cura, en tanto, la gente oscura llevó sus restos mortales. Después de los funerales los esclavos, sin recelos, sopesando sus flagelos con las frases de la misa, entre llantos y sonrisas se burlaron de los cielos. De este modo tan austero nació en Zaña aquel cantar: satírico renegar a la liturgia y al clero. ¡Saña! Madre del Tondero. Norteña como la caña... Cuando el coro me acompaña la "glosa" el "dulce" y la "fuga", toda mi gente madruga cantando y bailando Saña... NADA EN ESTE MUNDO DURA Nada en este mundo dura Fenecen bienes y males, Una triste sepultura A todos nos hace iguales. (FOLKLORE) Los minutos se hacen horas La flor se vuelve semilla La madera se apolilla Y el mismo mar se evapora. La niña pronto es señora, Si era virgen ya no es pura. EL pelo con su blancura Deja la niñez ausente Porque desgraciadamente Nada en este mundo dura. Pasa el amor que tuvimos Y se olvidan mil recuerdos, Se rompen nuestros acuerdos Y las promesas que hicimos. Se aleja el mundo que vimos Con sus momentos fatales. Nacen nuevos ideales Cuyo fin está cercano Porque más tarde o temprano Fenecen bienes y males. Tras la angustia va la suerte Tras el llanto las sonrisas Tras los huesos las cenizas Y tras la Vida la Muerte. Tras el cadáver inerte Se esconde la noche obscura. Y tras la verde espesura De los hermosos cipreses Hay oculta muchas veces Una triste sepultura. El tiempo no se detiene Con amor ni con dinero. La muerte es su mensajero Y muy tarde nos previene. Basta que su mano frene Nuestros órganos vitales, Después de los funerales Nos convierte en calavera Y de esta triste manera A todos nos hace iguales. |