Un tal Pedro
Norma, torre amarilla, Bogotá-2006, 80pp.
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capítulo I
Una estera como casa en las faldas de algún monte una cama, un par de sillas y un reloj que da las doce. Un poco de agua caliente, ni enfermeras ni doctores es tan solo una vecina quien la acude en los dolores. -Ya viene-, dice la madre y la partera le coge la cabeza con las manos y le pide que soporte. Dentro de la humilde choza entre miseria y desorden, gime la pobre mujer y respira mal y tose. -Ya viene -vuelve a decir- seguro que va a ser hombre... Y la amiga que la ayuda ve mucha sangre que corre. -Es varón, querida Juana, vo'a golpearlo pa' que llore... Y el niño llena el ambiente con un llanto que es redoble que anuncia una nueva vida nacida en el Pueblo Joven. La madre coge en sus brazos al pequeño y con canciones que de niña le cantaron y con muchas oraciones, lo acurruca dulcemente, le pide a Dios bendiciones y siente cómo la vida se le escapa a borbotones. -Está saliendo la sangre y saliendo por montones...-, dice la amiga llorando y la Juana le responde: -No llores porque me muera, que es bendición de los pobres, llora por este niñito que a su padre no conoce, que ya no tendrá una madre que sus faltas le perdone, que le acaricie el cabello, que le señale por dónde está el camino del bueno lejos de los pecadores. Llora mi buena María, por el padre que se esconde, por la leche que no tiene y por el pan que no come, llora por esta pobreza que nos mata y nos corroe, llora por este mi niño condenado a ser un hombre, llora por todas las veces que se rinda y se desplome, y por todas las tristezas que Dios permite o dispone... Y así se calla la madre, se marcha, quién sabe a dónde, la muerte no es un asunto que tenga conocedores, los muertos son de los muertos como la flor de las flores y a nosotros nos importan los vivos y sus pasiones. Que Juana descanse en paz, ajena a las emociones, y sigamos con la gente y sus tristes ilusiones porque es la historia de Pedro la que comienza esta noche... |
